Por nutrir la solidaridad entre Vietnam y Camboya

Sábado 8 de junio de 2019 19:10:04Por nutrir la solidaridad entre Vietnam y Camboya

Ceremonia de marcha por el 40 años del derrocamiento del genocidio de los Jemeres Rojos en Camboya.

Nhan Dan-

A 40 años del derrocamiento del genocidio de los Jemeres Rojos, Camboya ha avanzado y cosechado logros encomiables. El crecimiento económico de este país ha mantenido en más del 7 por ciento durante muchos años. La infraestructura se ha desarrollado a gran velocidad, el nivel de vida de la ciudadanía local ha sido mejorado, mientras la integración internacional se ha desarrollado de manera vertiginosa. En las etapas de desarrollo de la nación jemer, la solidaridad y el apego entre el pueblo vietnamita y el camboyano han sido consolidados incesantemente.

El 40º aniversario de la eliminación del régimen genocida de Pol Pot es una oportunidad para que los camboyanos y vietnamitas revisen la historia de la solidaridad entre los dos países, durante la cual los dos pueblos siempre han trabajado hombro a hombro tanto en los momentos difíciles y desafiantes como en el tiempo de la paz y prosperidad.

En su discurso en la ceremonia de conmemoración de los 40 años de la Victoria del 7 de enero (1979-2019), el día en que el pueblo camboyano derrotó a esa barbarie, el primer ministro camboyano, Samdech Hun Sen, enfatizó que esa histórica victoria se basó en la fuerza de la gran unidad de todos los camboyanos, bajo el liderazgo del Partido Popular de Camboya y la ayuda oportuna y preciosa de los combatientes voluntarios del ejército vietnamita. Aseguró que sin la combinación de esas dos fuerzas, se no habría conseguido la victoria en esa fecha.

Muy pronto después de la victoria ante las tropas estadounidenses en la resistencia por la liberación nacional en 1975, el pueblo camboyano cayó en una tragedia sin precedentes en la historia de la humanidad a causa del régimen genocida de Pol Pot. De abril de 1975 a enero de 1979 los Jemeres Rojos aplicaron una cruel política de represión y masacre, y crearon penitenciarias y campos de la muerte en todo el territorio nacional. Millones de ciudadanos inocentes fueron torturados y asesinados de distintas formas inhumanas.

Ante tal situación pendida de un hilo, los hijos más sobresalientes de Camboya fueron al extranjero en busca de una vía para salvar su país. Hun Sen y muchos de sus compatriotas pusieron la confianza en Vietnam. El ejército y el pueblo de este país vecino compartieron las dificultades, ayudaron y entrenaron a los actores principales de la Revolución camboyana para que pudieran coordinarse con las fuerzas en el país contra los Jemeres Rojos.

En una reciente entrevista con la prensa, el secretario de Defensa de Camboya, general Nieng Phat, recordó que los soldados voluntarios de Vietnam entraron en la nación vecina con la tarea de derrocar el régimen genocida junto al Frente Camboyano de Solidaridad para la Salvación Nacional y apoyar a la gesta libertadora de ese pueblo.

Aunque lograron el triunfo ante los Jemeres Rojos el 7 de enero de 1979, esas fuerzas todavía no se eliminaron por completo. Por eso, las fuerzas militares vietnamitas se quedaron por un tiempo para ayudar al país hermano a proteger sus frutos revolucionarios e impedir el temible regreso del régimen genocida.

La despedida de los soldados internacionalistas de Vietnam fue un acto lleno de emoción. El Gobierno, el pueblo y el ejército de Camboya dijeron adiós con mucho respeto y cariño a quienes combatieron junto a los camboyanos en su lucha por la paz.

En declaraciones a los medios de comunicación el pasado 3 de junio, el ministro de Defensa camboyano, Tia Banh, afirmó que el ejército vietnamita ayudó a su pueblo liberarse. “Siempre consideramos a los soldados voluntarios vietnamitas como nuestros salvadores y esto tiene un gran significado para nuestro país”, dijo.

Después de muchos años de acumulación de cientos de miles de documentos y pruebas, el 16 de noviembre de 2018, bajo el patrocinio de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), el tribunal internacional que juzgó el genocidio y otros delitos de los Jemeres Rojos cerró el proceso contra la cúpula de Pol Pot.

Dictaminó que sus líderes cometieron crímenes de genocidio y de lesa humanidad, lo que reflejó con objetividad la verdad histórica y la ejecución de la justicia, para recompensar a las víctimas. Esto fue celebrado por la ONU y toda la comunidad internacional.

Después de 40 años de la caída del régimen genocida, tal fallo retornó la justicia a las personas inocentes masacradas durante el tiempo que gobernó, y reafirmó la justa causa y la ayuda diáfana y desinteresada del voluntariado vietnamita. Los aportes y los sacrificios de Vietnam en la lucha del pueblo camboyano para poner fin al exterminio de los Jemeres Rojos son una verdad ampliamente reconocida en el mundo.

El día en que los combatientes voluntarios de Vietnam regresaron al país, el periódico Pracheachon (el Pueblo) de Camboya, escribió el 29 de junio de 1989: “En años extremadamente trágicos bajo el genocidio de Pol Pot, en este mundo, había cuantiosas potencias, pero solo el vecino pobre Vietnam vino a salvar a nuestro pueblo".

Antes de ese día, el 19 de marzo de 1989, el periódico australiano Canberra, observó: “Todo el mundo tiene que admitir que la entrada de Vietnam en Camboya dio resultados claros. Esa acción fue bienvenida por el pueblo camboyano en todas partes como una señal de la liberación”.

La histórica victoria del 7 de enero de 1979 erradicó completamente el genocidio, ayudando a revivir al pueblo camboyano y dando inicio a una nueva era de independencia, libertad, paz, neutralidad y prosperidad. Esta es la victoria común de los dos pueblos y de la humanidad progresista. Es una muestra vívida del espíritu internacional noble y de las relaciones de vecindad y hermandad tradicional, unida y fiel entre Vietnam y Camboya, así como de la ayuda diáfana y sincera del Partido, el Estado, el Ejército y el pueblo vietnamitas dedicada a la nación vecina.